¿Qué se nos viene a la mente cuando escuchamos “31 Minutos”? Seguro, pensarán algunos, una docena de títeres bien entretenidos guiados por Aplaplac, las mentes maestras detrás de otro dinosaurio maravilloso de la televisión chilena, el desaparecido Plan Z. Por otra parte, los más sensibles a la fuerza son capaces de ilustrar un universo completo de historias, numerosos gags, y un movimiento musical tremendo que nació de la mano de Pablo Ilabaca (guitarrista de los Chancho en Piedra) y que fue tan lejos que traspasó continentes y dio a parar en España y México. Desde este último país -donde los aztecas todavía no nos entienden del todo, incluso aunque nosotros digamos pinche cabrón- proviene este disco tributo, un caldo con salsa tabasco y merquén que tiene de todo.
Insisto: tiene de todo. No es un tributo rock, por cierto; es una cazuela con severos toques pop, electrónicos, esos raros sonidos nuevos que no tienen mucho de nuevos. Los más críticos afirman que, debido a la mezcla mexicana-chilena de artistas la cosa se chacrea, y puede que tengan razón; lo cierto es que de escuchar todos los tracks, sólo algunos se merecen estar en mi playlist particular. Pero vamos uno por uno.
Belanova parte el disco con su versión electro-pop de Yo nunca vi televisión, influenciada -como es usual- por un beat clásico, setentero y simple, con cierto elemento distorsionado que los está haciendo parecerse peligrosamente a la escena electrónica francesa. Mantienen su estilo y me gusta, pero faltó más síntesis.
Le siguen los mexicanos de Bengala, que tributan Papá te quiero con su estilo característico: órgano, cuerdas sintetizadas, otro beat ochentero -¡pero si está de moda!- y otros elementos de síntesis que los hacen alejarse de su propio estilo, que parece estar mucho más apegado al rock alternativo contemporáneo. Pasó la prueba sólo porque me hizo mover la patita.
Continúa el disco Tanganica, Tangananá por los siempre vigentes Liquits. Pese a que siempre les he escuchado temas más simples y desenfadados, a guitarra, bajo y batería, esta vez la cosa fue muchisimo más allá, con un arreglo en bronces de excelente calidad, de esos para saltar y reír un rato con varias copas de más en el cuerpo. Divertido, es de lo mejor del tributo.
Ruben Albarrán (vocalista de Café Tacvba) y su mujer Psykini tienen un dueto en una versión mal cantada y friki de La regla primordial. Del rock furioso y casi contestatario de la versión original de Retrete Navarrete y los Bulliciosos sólo quedan retazos que musicalmente se parecen únicamente en la estructura. No me gustó.
En una próxima entrega iré con el resto de los temas: nos faltan todos los tracks de nuestras esperanzas nacionales. Until next time, folks.








